Cerca
del lugar donde vivo hay muchas casitas, antes de que comenzasen a edificar en
esta zona, había como un pequeño poblado, donde la gente vivía tranquila,
arando sus tierras, lavando a mano su ropa y tendiéndola en lugares
comunitarios y muchas otras actividades, que no pueden hacerse hoy en día en
cualquier pueblo de España.
Desde mi ventana puedo ver los campos con algún tendal todavía, hecho de
troncos de madera y cuerda y con sus blancas sábanas que ondean con cada
suspiro del aire.
Se respira tranquilidad que a veces algún domingo se ha llegado a convertir
para mí en nostalgia y aburrimiento, pero que hoy no cambio por nada, después
de que el fin de semana pasado fuese con mi hija a pasar un día en un centro
comercial.
Aquel día, observé como la gente entraba en las tiendas, sentí el bullicio, el
consumismo innecesario y todo dentro de aquella jaula con luces de
neón........fue entonces cuando me di cuenta de que mi espíritu es tranquilo,
que me llena más tomar un té mientras escribo en mi diario o pintar relajada un
baúl de madera, que irme de compras y gastar porque sí.
Quiero que mi hija sienta la vida como yo, que respiren el aire puro, que
puedan leer debajo de un viejo árbol, que sea feliz con poco y que no sufra por
cosas materiales, que el dinero que gane lo utilicen en vivir, en aprender en
ponerse metas, en viajar y disfrutar del mundo.
Cerca del lugar donde vivo, no hay luces de neón, sólo sábanas ondeantes.

PRECIOSO!!!
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